agresion a prostitutas las geishas eran prostitutas

Mujeres ruidosas, llamativas, en los brazos de los soldaditos estadounidenses. Pintalabios rojo, taconazo, cigarrillos, medias de nilón. Con el tiempo, una de esas mujeres abandonó el uniforme habitual de las panpan , que no las aceras. En ellas siguió con espeso maquillaje blanco, vestido igualmente inmaculado y con profusión de encajes, incluso guantes.

Imagen viva de la marginalidad, carecía de hogar, por lo que cargaba siempre con una pequeña maleta. Silenciosa, consciente de sí misma, llena de dignidad. Kinkira-san , Rosa-san, Meri-san. Era Mary la de Yokohama, una ciudad significativa en la historia nipona. Un paisaje en plena transformación.

Y es que de Mary no solo se desconocía el nombre. De su vida anterior a las calles se sabía muy poco. Primogénita de los ocho hijos de una familia granjera, tras la escuela se casó con un trabajador del ferrocarril nacional.

Su crisis supuso el final de un matrimonio infeliz y, se cree, sin descendencia. Allí, Mary se convirtió en amante de un oficial. Enamorada, le siguió hasta Tokio. Toda promesa hecha quedó truncada con el inicio de la Guerra de Corea Fue allí donde verdaderamente dio comienzo su vida como prostituta. Yoshimizu Ayaka es autora de la tesis After Displacement: Su trabajo ayuda a entender el contexto social e histórico en el que se ubicó la figura de Mary. Yoshimizu parte de la explicación que el escritor Danbara Terukazu ofrece para el nombre genérico Mary.

Dicho apelativo aludía en la Yokohama de posguerra a toda fémina japonesa familiarizada con la cultura y lengua occidental: Tras décadas en la calle, Yokohama Mary desapareció misteriosamente en Dichas producciones fueron, así, la llave de reinvención de la identidad de Yokohama para cierta audiencia local.

Su inmersión en la vibrante memoria urbana hace posible el sentimiento de pertenencia a la ciudad. La historia había acostumbrado a Yokohama al cambio mucho antes de la intensa ocupación estadounidense. En ella había germinado, en plena década de los 20, la cultura del jazz, importada por las tripulaciones marinas occidentales.

Kangai es el nombre informal bajo el que se conoce el distrito tras el muelle, la otra cara de la moneda en Yokohama. Considerado centro urbano o shitamachi , el antiguo espíritu de vecindad latía en sus calles: Isezakicho, Fukutomicho o Wakabacho. Se advierte la omnipresencia del agua, cuya asociación cultural con la sensualidad en Japón ha destacado el historiador Ian Buruma.

Nada mejor que disfrutar sus placeres cuando la noche caía en Yokohama y, como cantaba Aoe Mina, las linternas del amor brillaban.

Fue aquí donde Yokohama Mary adquirió su fama y su misterio. El ambiente de Kangai se prestaba a ello. Uno de ellos es Nagato Ganjiro, intérprete de chanson francesa, género en boga en los años 60 junto a otros como el enka. Nagato era hijo de una pan pan , atormentado por sus reproches juveniles a la madre. La marginalidad en que Mary se movía no le resultaba ajena: En su amistad y preocupación por ella, que acudía a sus recitales, admitía su deseo de redención filial.

Todos conocieron a Mary ya como la anciana jorobada y ataviada de blanco , cual dama antigua. Fukunaga Emiko, dueña de la droguería Yanagiya, le recomendó su característico maquillaje teatral. Imperturbables, siguieron con su oficio centenario: En realidad, lo sagrado y lo profano, el arte y la prostitución, anduvieron revueltos durante mucho tiempo en la cultura nipona.

Geisha significa artista , persona sha que domina un arte gei. Izumo no Okuni , la primera bailarina célebre de Japón , era, o al menos eso aseguraba, una de estas sacerdotisas sintoístas. Hacia formó la primera compañía de teatro kabuki de la que se tiene noticia, reclutando a sus coristas entre mujeres de dudosa reputación de los bajos fondos de Kioto. El resultado fue el mismo: Finalmente se decretó que el kabuki fuera interpretado en exclusiva por hombres adultos, una norma que se mantiene en la actualidad.

La licencia era necesaria para todo en la rígida organización social del período Edo. Incluso para abrir un burdel. Durante el siglo XVII, en las afueras de las principales ciudades niponas se erigieron barrios amurallados dedicados por entero al placer.

Al placer de los clientes, por supuesto. En las afueras de las principales ciudades niponas se erigieron barrios amurallados dedicados por entero al placer de los clientes. Para los hombres que los frecuentaban, lugares como Yoshiwara , en Edo actual Tokio , Shimabara , en Kioto, o Shinmachi , en Osaka, eran auténticos paraísos.

Allí podían relajarse, beber, flirtear e incluso enamorarse, todo un lujo en un país donde los matrimonios eran concertados y nadie esperaba una chispa de pasión entre esposos. El éxito de estos barrios fue arrollador gracias al auge de una nueva clase social, la burguesía. Con mano firme, el régimen del sogunato Tokugawa acababa de zanjar siglos de escaramuzas y guerras civiles.

Por fin, los japoneses podían dedicar sus esfuerzos a prosperar. Formalmente, la sociedad seguía dividida en castas feudales: En la escala oficial, los comerciantes estaban por debajo de los campesinos.

En su vida diaria debían fingir humildad, sobornar a funcionarios y andarse con ojo para no ser expropiados. En los barrios de placer , en cambio, la cuna no importaba, solo contaba el dinero. Tenían terminantemente prohibido pisar el exterior y estaban sujetas a contratos draconianos y deudas inagotables, que las obligaban a prostituirse hasta el final de su juventud.

Generalmente eran hijas de campesinos que las cedían a cambio de dinero, convencidos de que allí, al menos, tendrían asegurado un techo, comida y ropa. Llegaban siendo niñas y pasaban sus primeros años trabajando como criadas.

Pero si eran especialmente bonitas y demostraban talento podían empezar como aprendizas acompañando a las grandes cortesanas a modo de séquito , y convertirse, a su vez, en cortesanas de alto rango.

Envueltas en capas y capas de vistosas telas, ceñidas con gigantescos fajines anudados por delante, causaban sensación. Se pagaban fortunas por la mera compañía de una cortesana. Por otro lado, para ganarse sus favores era preciso cortejarlas. El de geisha fue, inicialmente, un oficio masculino.

Fuera de los barrios oficiales la prostitución era ilegal. Por supuesto, eso no implica que no existiera. También proliferaban bailarinas adolescentes cuyos favores a veces se podían comprar. En , una mujer se autodenominó geisha.

Se llamaba Kikuya , y era una prostituta ilegal del barrio de Fukagawa, en Edo, decidida a dignificar su profesión promocionando su talento para el canto y la danza. Alentadas por su éxito, muchas mujeres siguieron su ejemplo. A regañadientes, los distritos oficiales decidieron conjurar esta amenazadora competencia contratando a sus propias geishas femeninas.

Les impusieron estrictas normas: Hacia había tres geishas femeninas por cada artista masculino, y la palabra geisha pasó a designar exclusivamente a mujeres. Las redadas que combatían la prostitución en los barrios ilegales pasaban de largo ante las geishas.

Había nacido una nueva profesión. A mediados del siglo XIX, una velada elegante en un distrito legal discurría siguiendo un ritual preciso. El cliente, solo o con invitados, pasaba la primera parte de la noche en una casa de té bebiendo sake y tal vez cenando. También podía contratar los servicios de un bufón. Hacia medianoche, las geishas y el bufón acompañaban al cliente entre risas y flirteos al burdel, donde este tenía ya una cita previamente concertada.

Cada cortesana disponía de un pequeño apartamento espléndidamente decorado. Si el cliente era de confianza, la cortesana le recibía en su sala de estar y se unía brevemente a la fiesta.

Si era su primera vez, no había preliminares. Las geishas se retiraban en cuanto la pareja entraba en el dormitorio. Sería un error deducir de todo ello que las geishas eran criaturas virginales. Podían y pueden tener amantes.

Entrada a Ichiriki Ochaya. Las okiya , casas donde residen y se entrenan las geishas, invierten sumas astronómicas en formar a sus pupilas.

agresion a prostitutas las geishas eran prostitutas Fukunaga Emiko, dueña de la droguería Yanagiya, le recomendó su característico maquillaje teatral. Izumo no Okunila primera bailarina célebre de Japónera, o al menos eso aseguraba, una de estas sacerdotisas sintoístas. Con el tiempo, una de esas mujeres abandonó el uniforme habitual de las panpanque no las aceras. Indudablemente, algo había de espectral en el halo de Yokohama Mary. Para señalar su paso a la madurez, la muchacha cambiaba de peinado y recibía felicitaciones de sus compañeras de gremio.

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La marginalidad en que Mary se movía no le resultaba ajena: Primogénita de los ocho hijos de una familia granjera, tras la escuela se casó con un trabajador del ferrocarril nacional. Conseguir un danna que mantenga a una geisha es casi tarea imposible. Ganarse la vida en las aguas turbias de los barrios de tolerancia nipones. Incluso para abrir un burdel. Otras, japonesas ellas mismas, forzadas casi siempre de un modo u otro por las circunstanciaspor dinero. Ya no encarnaban la modernidad, sino la tradición.

Imagen viva de la marginalidad, carecía de hogar, por lo que cargaba siempre con una pequeña maleta. Silenciosa, consciente de sí misma, llena de dignidad. Kinkira-san , Rosa-san, Meri-san. Era Mary la de Yokohama, una ciudad significativa en la historia nipona. Un paisaje en plena transformación. Y es que de Mary no solo se desconocía el nombre. De su vida anterior a las calles se sabía muy poco. Primogénita de los ocho hijos de una familia granjera, tras la escuela se casó con un trabajador del ferrocarril nacional.

Su crisis supuso el final de un matrimonio infeliz y, se cree, sin descendencia. Allí, Mary se convirtió en amante de un oficial. Enamorada, le siguió hasta Tokio. Toda promesa hecha quedó truncada con el inicio de la Guerra de Corea Fue allí donde verdaderamente dio comienzo su vida como prostituta.

Yoshimizu Ayaka es autora de la tesis After Displacement: Su trabajo ayuda a entender el contexto social e histórico en el que se ubicó la figura de Mary. Yoshimizu parte de la explicación que el escritor Danbara Terukazu ofrece para el nombre genérico Mary. Dicho apelativo aludía en la Yokohama de posguerra a toda fémina japonesa familiarizada con la cultura y lengua occidental: Tras décadas en la calle, Yokohama Mary desapareció misteriosamente en Dichas producciones fueron, así, la llave de reinvención de la identidad de Yokohama para cierta audiencia local.

Su inmersión en la vibrante memoria urbana hace posible el sentimiento de pertenencia a la ciudad. La historia había acostumbrado a Yokohama al cambio mucho antes de la intensa ocupación estadounidense.

En ella había germinado, en plena década de los 20, la cultura del jazz, importada por las tripulaciones marinas occidentales. Kangai es el nombre informal bajo el que se conoce el distrito tras el muelle, la otra cara de la moneda en Yokohama. Considerado centro urbano o shitamachi , el antiguo espíritu de vecindad latía en sus calles: Isezakicho, Fukutomicho o Wakabacho. Se advierte la omnipresencia del agua, cuya asociación cultural con la sensualidad en Japón ha destacado el historiador Ian Buruma.

Nada mejor que disfrutar sus placeres cuando la noche caía en Yokohama y, como cantaba Aoe Mina, las linternas del amor brillaban. Fue aquí donde Yokohama Mary adquirió su fama y su misterio. El ambiente de Kangai se prestaba a ello. Uno de ellos es Nagato Ganjiro, intérprete de chanson francesa, género en boga en los años 60 junto a otros como el enka.

Nagato era hijo de una pan pan , atormentado por sus reproches juveniles a la madre. La marginalidad en que Mary se movía no le resultaba ajena: En su amistad y preocupación por ella, que acudía a sus recitales, admitía su deseo de redención filial. Todos conocieron a Mary ya como la anciana jorobada y ataviada de blanco , cual dama antigua. Fukunaga Emiko, dueña de la droguería Yanagiya, le recomendó su característico maquillaje teatral.

Rokukawa Katsuhito permitía a Mary pernoctar en las dependencias de la joyería Ato Hoshoku. Ella, en agradecimiento, enviaba obsequios estacionales que asqueaban a algunos empleados.

El matrimonio Yamazaki, de la lavandería Hakushinsha, dejaba a Mary cambiarse en su local. Itsukida Kyoko fue geisha y propietaria del legendario Negishiya , local inmortalizado por Kurosawa Akira en El infierno del odio Hacia había tres geishas femeninas por cada artista masculino, y la palabra geisha pasó a designar exclusivamente a mujeres.

Las redadas que combatían la prostitución en los barrios ilegales pasaban de largo ante las geishas. Había nacido una nueva profesión. A mediados del siglo XIX, una velada elegante en un distrito legal discurría siguiendo un ritual preciso.

El cliente, solo o con invitados, pasaba la primera parte de la noche en una casa de té bebiendo sake y tal vez cenando. También podía contratar los servicios de un bufón. Hacia medianoche, las geishas y el bufón acompañaban al cliente entre risas y flirteos al burdel, donde este tenía ya una cita previamente concertada.

Cada cortesana disponía de un pequeño apartamento espléndidamente decorado. Si el cliente era de confianza, la cortesana le recibía en su sala de estar y se unía brevemente a la fiesta. Si era su primera vez, no había preliminares. Las geishas se retiraban en cuanto la pareja entraba en el dormitorio.

Sería un error deducir de todo ello que las geishas eran criaturas virginales. Podían y pueden tener amantes. Entrada a Ichiriki Ochaya. Las okiya , casas donde residen y se entrenan las geishas, invierten sumas astronómicas en formar a sus pupilas.

Por ello, hasta mediados del siglo XX, dos grandes fuentes de ingresos complementaban su tarifa habitual: El mizuage consistía en ofrecer a un cliente selecto la oportunidad de desflorar a una aprendiz , o maiko , de catorce o quince años de edad. Era una ocasión excepcional: Para señalar su paso a la madurez, la muchacha cambiaba de peinado y recibía felicitaciones de sus compañeras de gremio. Un danna costeaba el vestuario y las lecciones de su protegida y, si era lo bastante rico, adquiría una vivienda para ella, a menudo con la aquiescencia de su esposa.

Mantener a una geisha era un símbolo de estatus en la alta sociedad nipona. Su papel en el fin del sogunato y la Restauración Meiji fue crucial. En , el líder rebelde Kido Takayoshi salvó la vida gracias a Ikumatsu, una geisha que le ayudó a esconderse y huir.

Kido no olvidó el favor. Por primera vez, una geisha se convertía en la esposa de un estadista. En había Ni siquiera las flappers japonesas habían logrado eclipsarlas con sus vestidos de flecos y sus peinados a lo garçon. Pero sus costumbres empezaron a fosilizarse. Ya no encarnaban la modernidad, sino la tradición. Muchas huyeron al campo. Durante la ocupación estadounidense, su reputación se desplomó. Los soldados americanos, que no estaban para sutilezas, llamaban geisha a cualquier infeliz que ofreciera su cuerpo a cambio de una onza de chocolate.

Se abrieron burdeles para los militares extranjeros , un negocio que MacArthur, al frente de la ocupación, trató de eliminar sin demasiado éxito, aunque sí logró que el gobierno dejara de amparar los barrios oficiales de placer. En se ilegalizó definitivamente la prostitución. Los barrios de geishas volvieron a florecer poco a poco, pero nada sería igual. Conseguir un danna que mantenga a una geisha es casi tarea imposible. Las mejores intérpretes de shamisen son casi octogenarias.

Y también una oportunidad insólita para Occidente de asomarse a un mundo secreto al que , hasta hace menos de una década, solo se podía acceder con invitación. Escríbenos a redaccionhyv historiayvida. Prisma Publicaciones S. Dicha compañía se encuentra ubicada en Av.

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Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia. Retrato de Ieyasu Tokugawa, s. Un mundo flotante El éxito de estos barrios fue arrollador gracias al auge de una nueva clase social, la burguesía.

Geisha tocando el shamisen, c.

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