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Colectivo en Defensa de los Derechos de las Prostitutas. Una mirada feminista a la prostitución. Hablar de feminismo y prostitución es hablar de dos realidades conflictivas. No tanto porque el feminismo esté reñido con esta realidad, sino porque en general, las prostitutas se han visto poco acogidas por las feministas. Las prostitutas se sentían censuradas por las feministas y a la inversa, las feministas sentían que la sola existencia de la prostitución era un agravio para todas las mujeres.

Por otro, a las feministas, apoyar a las prostitutas en sus reivindicaciones nos parecía que era apuntalar la ideología patriarcal, al aceptar la existencia de la prostitución sin cuestionamiento.

Una opinión tan buena o mala como cualquier otra, pero en absoluto generalizable. Posibilitar, cuidar y alimentar esta alianza entre mujeres nos parece lo fundamental de nuestro trabajo. Y nos lo parece así porque para nosotras luchar contra el estigma que tienen las putas es cuestionar uno de los pilares de la ideología patriarcal: Una idea que, pese a todos los cambios que se han producido en este terreno, nos divide y cataloga a las mujeres en función de nuestra sexualidad.

Socialmente se espera de las mujeres que seamos las controladoras de nuestro deseo y del deseo sexual masculino, que seamos recatadas sexualmente, no promiscuas En definitiva, que tengamos una sexualidad mucho menos explícita que la de los hombres.

Su criminalización sirve para escarmentar en cabeza ajena,. En el imaginario colectivo la puta representa lo prohibido. En el de las mujeres, parece que simboliza el límite que no podemos traspasar a riesgo de autoconsiderarnos indignas.

La transgresión de lo prohibido suele ser un acicate importante del deseo sexual. Pero tenemos que ser conscientes de que este estigma no afecta solo a las putas, sino que recae también sobre las lesbianas, las promiscuas, las transexuales, las que les gusta el sado-masoquismo consensuado Los planteamientos que subyacen a nuestro trabajo feminista tienen que ver con las polémicas que se han dado sobre este tema dentro del feminismo.

Ahora bien en la forma de abordar el tema se han ido consolidando dos posiciones que, en estos momentos, difieren en aspectos fundamentales. Por un lado quienes consideran que la prostitución es una forma privilegiada de ejercicio del poder patriarcal y que es una forma de esclavitud sexual para las mujeres, en las que éstas sólo pueden ser víctimas o cómplices de los hombres.

No diferencian entre prostitución forzada y por decisión propia, pues una situación de esclavitud nunca puede ser voluntaria. En consecuencia, las prostitutas son vistas siempre como las víctimas por excelencia y el ejercicio de la prostitución como algo degradante e indigno en sí mismo. Para ellas la alternativa es la abolición de la prostitución y la reinserción de las prostitutas independientemente de lo que éstas quieran, o dicho de otro modo, dando por sentado que esto es lo que quieren todas ellas.

Por otro lado estamos quienes consideramos que la prostitución es un trabajo , una actividad que puede ejercerse de maneras muy diferentes. Pensamos que es importante diferenciar quienes lo hacen obligadas por terceros y quienes lo hacen por decisión individual aunque obviamente condicionada por las situaciones personales, como todo lo que hacemos en la vida.

Concebimos a las prostitutas con toda su dignidad y con capacidad para decidir sobre sí mismas y sobre sus condiciones de vida, aunque a veces lo tengan difícil. Son trabajadoras a las que se les debería de reconocer los mismos derechos que tienen el resto de trabajadores. Consecuentemente nuestra alternativa pasa por descriminalizar la prostitución regulando las relaciones comerciales cuando implican a terceros y reconocerles sus derechos como trabajadoras.

Siendo fundamental que cualquier política que se desarrolle en este terreno cuente con la voz de las propias prostitutas. Y no deje de ser preocupante que cuando se habla de ello sólo se piense en el que va dirigido a la prostitución.

Existen mafias que obligan a mujeres, niños y niñas a prostituirse , en régimen de esclavitud. Su situación la podemos comparar con la de los esclavos.

Es fundamental desenmascarar a los verdaderos culpables, no basta con penalizar a clientes y proxenetas de poca monta. Los inmigrantes en nuestro país se han convertido en mano de obra barata y sobreexplotada. Las personas que vienen a trabajar en la industria del sexo son diversas y aunque fundamentalmente sean mujeres -transexuales algunas-, también vienen hombres y son personas de toda clase, de diferentes edades, niveles culturales, etnias, países, costumbres La mayoría de ellas saben a lo que vienen aunque no tengan muy claras las condiciones en las que van a desarrollar su trabajo ni cómo van a vivir aquí.

Pero sólo una minoría viene engañada. Una pequeña parte de este flujo migratorio entra en nuestro país en condiciones de legalidad.

Ante esta situación parece evidente que, la mayoría de las veces, no van a conseguir entrar de manera individual sino que tienen que recurrir a otros para conseguirlo. Pero la mayoría de las veces recurren a gentes que lo hacen a cambio de dinero.

Es la ley de la oferta y de la demanda , sagrada en las sociedades capitalistas, la que posibilita que esto se dé. Con frecuencia las cantidades que pagan por entrar aquí son abusivas y les endeudan durante una larga temporada. Son muchos los que se aprovechan de esta situación. Pero, a no ser que consideremos mafiosos a banqueros, patronos, mercaderes y tanta gente que se aprovecha de las necesidades de las personas para acumular dinero, es conveniente distinguir entre lo que son las redes que posibilitan la entrada ilegal de emigrantes de lo que son las mafias.

El término mafia se refiere a aquellas estructuras organizadas que extorsionan a las personas, mediante chantaje, coacción y violencia, para obligarles a hacer algo en contra de su voluntad. Y esto, aunque se da en algunos casos, no puede hacerse extensible a la forma como mayoritariamente entran los inmigrantes en nuestro país. La prostitución no es sinónimo de esclavitud sexual. Asímismo, tampoco se especifica al tratar este tema las diferentes condiciones en las que se puede ejercer la prostitución o trabajar en la industria del sexo.

Por el contrario, la mayoría de mujeres inmigrantes que vemos ejerciendo la prostitución callejera o las que lo hacen en muchos locales que hay en las ciudades, presentan una realidad muy diferente. Han venido, en la mayoría de los casos, sabiendo a lo que venían, a través de redes que les han facilitado el viaje y la entrada, aunque hayan tenido que pagar cantidades desorbitadas por ello.

Ejercen la prostitución como forma de sobrevivencia económica. Ellas lo consideran un trabajo , una actividad que les da un dinero para vivir aquí e incluso para enviar una parte a su país. En la mayoría de los casos, es un modo de vivir duro, que cuesta esfuerzo y supone, demasiadas veces, aguantar penalidades varias.

Pero, a pesar de estos sufrimientos, muchas prefieren seguir ejerciendo la prostitución a trabajar en otra actividad y no digamos ya a volver a su país. La prostitución les permite una independencia económica y una libertad de la que no gozarían con los otros trabajos a los que podrían acceder en su situación.

De entrada, es un tema sobre el que todo el mundo se siente con derecho a opinar, pero no conceden ese mismo derecho a las propias trabajadoras sexuales. Nadie les pregunta lo que piensan, porque, con un puritanismo y una ignorancia feroces, la mayoría de los políticos y de los ciudadanos, tanto de derechas como de izquierdas, piensan que todas ellas son unas víctimas del proxenetismo a las que hay que rescatar de su triste sino, incluso en contra de su voluntad.

Eso, equiparar la prostitución a la trata, es la primera equivocación garrafal causada por los prejuicios. Un informe de la ONU de establece que en Europa sólo una de cada siete prostitutas es víctima de trata. Y aquí es cuando el puritanismo cacarea y añade: Como la mayoría de los trabajadores. La mayoría tiene empleos que no les gustan, muchos en jornadas abrumadoras, con un trato laboral humillante y por un sueldo de miseria. Comprendo perfectamente que haya mujeres adultas que prefieran vender sexo que no su cuerpo: Y es la criminalización de la prostitución, como sucede con la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, lo que impide que las hetairas puedan ejercer su trabajo en condiciones óptimas, seguras y saludables.

La trata, claro, es un horror, y, como es natural, las prostitutas son las primeras interesadas en erradicarla. Pero la trata engorda con las prohibiciones.

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En la mayoría de los casos, es un modo de vivir duro, que joffrey y las prostitutas prostitutas cancun esfuerzo y supone, demasiadas veces, aguantar penalidades varias. La finca entera fue comprada recientemente y es propiedad del Ayuntamiento, junto con otras fincas de la calle. Apoyo concreto en sus problemas cotidianos a través de las asesorías que tenemos en el local y de salir con una furgoneta por las zonas de prostitución repartiendo condones, un folleto al estilo cómic en el que se explican las enfermedades de transmisión sexual y los cuidados necesarios para prevenirlas y ofreciendo nuestro apoyo legal.

Estaba muy emocionada sobre cómo la despenalización podría mejorar las cosas para las mujeres" , afirma. La despenalización llegó en y Valisce asistió a la fiesta de celebración que se realizó en el colectivo. En Reino Unido, el Comité de Asuntos Internos del Parlamento ha estado considerando varios enfoques para el comercio sexual, incluida la total despenalización. Pero Valisce asegura que en Nueva Zelanda la despenalización fue un desastre y que sólo benefició a los proxenetas y los clientes.

Un problema fue que esto permitió a los dueños de los burdeles ofrecer a los clientes transacciones "todo incluido", en las que podían pagar una cantidad acordada para hacer cualquier cosa que deseaban con la mujer. Valisce, de 40 años, fue a solicitar empleo a un burdel en Wellington, y quedó estupefacta con lo que vio. Temblaba, lloraba y era incapaz de hablar". Tomé mis pertenencias y salí de allí", recuerda. Pero cuando trabajaba como voluntaria allí comenzó su trayecto para convertirse en "abolicionista".

Una vez leí sobre alguien que hablaba de llorar y no saber porqué. Fue cuando salí de allí del comercio sexual cuando entendí esos sentimientos". Me di cuenta de ello al leerlo". Ejercen la prostitución como forma de sobrevivencia económica. Ellas lo consideran un trabajo , una actividad que les da un dinero para vivir aquí e incluso para enviar una parte a su país. En la mayoría de los casos, es un modo de vivir duro, que cuesta esfuerzo y supone, demasiadas veces, aguantar penalidades varias.

Pero, a pesar de estos sufrimientos, muchas prefieren seguir ejerciendo la prostitución a trabajar en otra actividad y no digamos ya a volver a su país. La prostitución les permite una independencia económica y una libertad de la que no gozarían con los otros trabajos a los que podrían acceder en su situación.

Creo que éstas son muy variadas y ciertamente las fundamentales son de orden económico, de supervivencia. Por el contrario, se mueven a todos los niveles y el comercio sexual les ofrece distintas oportunidades que de otra forma no tendrían, ya que muchas de ellas gozan de un nivel cultural alto, como demuestran algunos estudios sobre la industria del sexo Laura Agustin.

Por mucho que nos parezca un trabajo bastante duro, poco gratificante e incluso terrible para muchas personas, sobre todo mujeres, creemos que es necesario respetar la decisión de quien no desea abandonar la prostitución.

Si dejamos de lado las valoraciones morales que cada cual tenga sobre la sexualidad y el sexo, nos podemos dar cuenta de que hay muchos trabajos míseros y que causan daños irreparables en la salud minería, por ejemplo sin que dejemos por ello de plantearnos la necesidad de que se realicen en las mejores condiciones posible, mientras no sea posible acabar con ellos.

Y desde luego a nadie se le ocurre pensar en que se decrete su abolición y que las personas que trabajan en ellos deban ser reinsertadas socialmente. Para nosotras no es conveniente hablar de prostitución como sinónimo de esclavitud sexual. Si no tenemos en cuenta las decisiones que toman las prostitutas, si las victimizamos pensando que siempre ejercen de manera obligada y forzada; si consideramos que son personas sin capacidad de decisión Desde una perspectiva feminista creemos que no se trata tanto de discutir sobre porcentajes de prostitutas que ejercen de una u otra manera.

En nuestro trabajo feminista con prostitutas nos hemos dado cuenta que estas ideas no responden al sentir de las prostitutas y las discusiones con ellas nos han hecho ver algunas cosas que queremos trasladaros pues creemos que son temas complicados, que merecen que les dediquemos algo de atención, antes de pronunciarnos en contra.

Entre otros factores porque ellas reaccionan con enfado ante esto diciéndonos que no se corresponde con la realidad y eso nos obliga a cuestionarnos qué refleja esta aseveración. La figura del proxeneta se define legalmente por el aprovechamiento económico. Pero, bajo esta figura se esconden realidades muy diferentes: Como se puede entender estas realidades tan diferentes no pueden ser tratadas bajo la misma figura penal.

Meter en prisión a compañeros, maridos o amantes porque muchas mujeres soporten situaciones que, desde fuera, nos parezcan intolerables, si no hay violencia, no es la solución. Siempre hemos defendido que, en esos casos, es necesaria la autoafirmación de las mujeres para que no aguanten lo que consideran que no deben aguantar. Si escuchamos lo que dicen las prostitutas de los clientes parece que entre éstos existe una gran variedad de comportamientos y actitudes a la hora de dirigirse hacia ellas.

Ciertamente nos podemos encontrar con algunos que acuden en plan prepotente y dominante, pero al calor de sus testimonios, son los menos. La mayoría demuestra otra actitud.

Por eso somos contrarias a medidas como las aprobadas en Suecia que penalizan a los clientes y proxenetas. Nos guste o no, la prostitución es una realidad que forma parte de nuestras sociedades y que no parece que vaya a desaparecer a corto plazo. El feminismo siempre ha defendido la autonomía de las mujeres y su empoderamiento para poder luchar contra las diferentes formas de opresión y discriminación que sufrimos.

Siempre hemos dicho también, lo hartas que estamos de tutelas de todo tipo y de ser consideradas seres indefensos y ciudadanas de segunda categoría. En los debates sobre prostitución, estas premisas también deben de estar presentes. El conocimiento de la realidad es importante y ésta nos demuestra que hay de todo, que la prostitución es una realidad diversa y que diversas son las condiciones de trabajo y las vivencias de las prostitutas. Sabemos que las que trabajan por opción propia sufren también abusos económicos y sexuales, menosprecio y discriminación.

Luchar contra esto exige aumentar su conciencia, su auto-estima, y su seguridad personal. Para ello es imprescindible reconocer su oficio y hablar de profesionalidad. Y siempre es lo menos posible, pero nunca es igual de una prostituta a otra. Siendo la prostitución un trabajo estas mujeres, en la medida que tienen trabajo podrían ser legales. Para actuar sobre la realidad es necesario diferenciar bien las situaciones que queremos mejorar y proponer medidas específicas para cada caso.

El feminismo debe apostar por ampliar este margen de decisión y autonomía y eso no es posible desde la victimización. Actualmente son menos de diez. Sin embargo, los burdeles y las aceras se encienden ahora en Internet. La ley obliga a los propietarios de los burdeles a pagar impuestos y la Seguridad Social de las prostitutas. Éstas, que deben tener una licencia municipal, tienen derecho a Seguridad Social y a cobrar el paro. La misma situación que en Alemania. En Dinamarca, las prostitutas pagan impuestos pero no tienen paro ni Seguridad Social.

Suecia fue pionero, en , en aprobar una ley contra la compra de servicios sexuales. Esta normativa prohíbe pagar por el sexo y penaliza al cliente con multas de prisión y económicas. Es un modelo actualmente en expansión. Sin embargo, algunas ordenanzas municipales la prohíben y multan tanto a los clientes como a las mujeres. En Hungría la prostitución es ilegal.

De ahí la importancia de la organización y de asumirse como tal, siendo importantísimo en este proceso la reivindicación de la prostitución como un trabajo, primer paso en su proceso de legitimación. Un informe de la ONU de establece que en Europa sólo una de cada siete prostitutas es víctima de trata. Sin embargo, algunas ordenanzas municipales la prohíben y multan tanto a los clientes como a las mujeres. Pero, a no ser que consideremos mafiosos a banqueros, patronos, mercaderes y tanta gente que se aprovecha de las necesidades de las personas para acumular dinero, es conveniente distinguir solo prostitutas colectivo de prostitutas lo que son las redes que posibilitan la entrada ilegal de emigrantes de lo que son las mafias. No tanto porque el feminismo esté reñido con esta realidad, sino porque en general, las prostitutas se han visto poco acogidas por las experiencia con prostitutas cortesana rae. La transgresión de lo prohibido suele ser un acicate importante del deseo sexual. En los debates sobre prostitución, el cliente suele ser retratado de manera monolítica.

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